La familia en la que todo cambia.
La mayor parte de los jóvenes del país (56%) vive en éste tipo de familia, por lo que sus formas de convivencia son determinantes para identificar posibles cambios por venir, ya que hoy, se construyen en el seno familiar, los valores, actitudes y marco moral que dirigirá al mundo en éste siglo.
La adolescencia es la etapa de vida que todos los miembros de ésta familia viven; unos por primera vez y otros de manera perene, confundiendo roles, deseos, compromisos, provocando que los padres no se hagan cargo de la orientación plena total y determinante que pueda abrir puertas y opciones a sus hijos, quienes saben generalmente que no desean, pero no tienen claridad en las perspectivas y oportunidades, al estar en contante competencia con el mundo dentro y fuera de casa.
Los roles se han modificado de una manera extraordinaria en ésta familia, ya que son más los hombres que las mujeres quienes viven en éste hogar, en buena medida porque las jóvenes quieren probar la libertad; curiosamente esa libertad les ha sido inculcada por las madres que aún hablan de la liberación femenina, que en realidad no experimentaron, porque decidieron casarse, tener hijos y formar una familia en una época en la que aún no era aceptado del todo por la sociedad, que una mujer viviera sola, experimentara la misma libertad que los hombres o viviera con su pareja antes de firmar y recibir la bendición.
Es el núcleo social encargado de la maduración que parece una tarea imposible de cumplir ante la competencia paterna y filial que hay en casa. Los pequeñitos que llenaron alguna vez de ternura el hogar, esos críos que divertían a los padres con sus travesuras, se han convertido en entes inmanejables, rebeldes, que ya ni siquiera quieren responder o enfrentar con argumentos las sutiles peticiones de los padres. La comunicación no es la mayor competencia en estas familias, a pesar de que todas presumen, saber y entender, todo acerca de los hijos.
La añoranza de otros tiempos, en los que la familia parecía tener un rumbo invade a ésta familia, que se pregunta ¿en que fallaron?, ¿que salió mal?, ¿cuándo se perdió el rumbo?, ¿Por qué somos castigados con esos hijos? Quien sabe quién tendrá respuesta a la culpa, pero la responsabilidad tampoco está muy presente, cuando es el núcleo familiar que mayor compromiso tiene con la concesión de los seres humanos que decidió formar. Los niños preferirían ser hijos de un árbol y al paso del tiempo, aprenden que los padres viven una gran confusión y esperan poder ayudarlos a resolverla.
Este grupo de adolescentes comparten sin reconocerlo, muchísimos de sus gustos, casi todas las emociones y todos sus sueños. Son una familia amorosa que se pierde en la circunstancia con facilidad, pero que al coincidir, es divertida, intensa y muy solidaria. Juntos resuelven dudas, problemas y encuentran formas de conciliar sus intereses, aunque no sea por tanto tiempo o a veces ni con tanta frecuencia, pero la intensidad les une en torno a las actividades comunes.